domingo, 5 de mayo de 2019

Hace frío y llueve


*Dormí, dormí... Que hace frío y llueve* me decía mí vieja cuando llovía más adentro que afuera.
Yo tenía un catálogo de productos todo escrito en inglés, dónde miraba por horas dormitorios soñados llenos de encaje y dibujos de Disney. Pero mis paredes eran cataratas de esas que todavía no conozco en persona. Cataratas que me regalaban manchas de humedad donde buscaba rostros durante horas y hasta a veces caricaturas de gatitos.  Más de una vez le resistía a la pobreza pegando dibujos de papel barrilete para despertarme al día siguiente viendo cómo una lluvia repentina por la noche se había llevado todo. Las primeras veces lloré, después me jugué por el ingenio y empecé a pegarlos con engrudo porque la plásticola era cara, en cuadernos o maderas dónde el agua no llegaba. Creo que esas fueron mis primeras decepciones por las que  aprendí prontamente que muchas veces ni con toda la buena onda del mundo podes hacerle frente al gigante de la escasez. Y que de la frustración nacen dos cosas: ideas o desesperación. Yo tuve suerte.

Siempre que llovía obtenía regalos: el calor de mamá y las gotas sonando en las chapas.
El sonido de la grasa cocinando tortas fritas. Faltar a la escuela porque había mucho barro y no iba nadie. El gato mojado acostado en la punta de los pies, buscando generar el calor que buscamos todxs en un día de tormenta. Libros.

Los días de lluvia no podía bajarme de la cama porque abajo estaba lleno de agua, quizás sea la razón por la que también me la pasaba enferma. Tampoco se podía ver la tele porque la antena andaba mal. La ropa no se secaba y siempre parecía un domingo depresivo después de los 30. Ahora lo sé. Pero siempre siempre tenía el mate cocido caliente y la cama seca y eso para mí era el paraíso. Llena de libros usados que habíamos encontrado, cuadernos y fibras que me compraban con el esfuerzo de todo un mes empecé a escribir y a dibujar. A pegar fotos de revistas y a soñar  (lejos de las aguas dañinas que destruían) una vida mejor.

Siempre que llueve y hace frío, se detiene el mundo para mí, mucha gente no lo entiende. Pero yo me retraigo, me meto en la cama  hecha una bolita y pienso en lxs que no tienen techo, ni tortas fritas, ni gato que les caliente los pies, ni una vieja que lxs arrope. Ni libros que los abracen o les prometan un futuro mejor. Y lloro, sí, deseando que cada vez existan menos cataratas que se lleven los sueños...

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