jueves, 4 de julio de 2019

MIEDO



A lo que más le temía Nayla era a lo que podía llegar a pasar si un día volviendo tarde del trabajo alguien intentaba hacerle algo. No tenía opciones a la hora de volver a casa y debía pasar por el borde de un predio lleno de árboles que parecía interminable. Los días de verano no se sentía tan asustada, siempre había dos o tres personas caminando junto a ella, incluso a lo lejos podía escuchar voces y música que le daban cierta paz al pensar que no estaba sola. Que lo peor no podría suceder. Sabía que podía equivocarse pero prefería pensar que el verano le daba tregua.
El invierno era otra cosa, era espeluznante. Las calles en general estaban desiertas y la sensación de desprotección se multiplicaba por mil.
Una noche en particular al volver casi trotando por ese tramo, sintió como sus miedos más profundos se hacían realidad, frenó un auto a unos escasos metros y un tipo mediano pero robusto bajó apresuradamente para tomarla por la espalda e intentar arrastrarla al auto mientras dos más miraban impacientes por la presa.
Nayla sintió que se le enchinaba la piel, ya no podía controlar sus instintos, el miedo era la llave que abría la jaula. En un instante junto con lo que su sangre hervía su cuerpo se tornó dos veces más grande, arqueando la espalda como una bestia, del cuerpo le brotó un pelaje que hace siglos quería ser visto. Su boca se transformó en una trampa, grandes y fuertes colmillos le crecieron ante la vista horrorizada del cazador y de quienes lo acompañaban, que tras quedarse en shock no podían hacer más que mirar como aquel extraño animal sacudía el cuerpo ensangrentado del tipo tal y como un perro con una pilcha vieja.
Llena de sangre largó un aullido aterrador, como quién marca territorio, antes de comenzar a comerse a su presa por el medio. El auto a lo lejos arrancó, entre gritos colapsados y neblina. Habían visto suficiente.
Nayla sabía que ya no podría volver a su forma humana, pero no importaba, ella y el miedo serían uno por siempre. Y lo usaría, sí que lo usaría, había mucho por comer.
Se internó en el campo pensando en que siempre había oído la historia del cazador cazado y le encantaba la idea, pero que nunca había imaginado lo bonito que era vivirla.  

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