domingo, 7 de julio de 2019

Un poco de Inseguridad

Yo quiero ser como ella – le dije a mi vieja mientras le mostraba la portada de un libro— porque me inspira, sus palabras atraviesan mi corazón de una forma que nadie lo ha hecho. Es suave, es luz, es caricia, es amor. En cambio yo desde muy chica soy esto: oscuridad, depresión. Soy ese bajón que te agarra cuando no entendés la vida, miseria y decepción. Me siento como la palmada en la espalda cuando alguien ha perdido un ser querido, como el ¿cómo estás? después de una gran tragedia. Me siento como ese mensaje que todos odiamos que llega preguntando lo obvio, como ese microsegundo de vacío existencial entre un abrazo y la desesperanza absoluta al oír “adiós”. Soy como esa mano que te apreta suave, casi imperceptible, cuando necesitas un beso o un abrazo que te parta en dos, soy ese silencio incómodo de “no sé qué decir” cuando conocés a alguien nuevo.
A veces siento que no se puede estar más desaliñado con el tiempo de las cosas que esto. Siento como si llegara tarde a todos los cumpleaños, a todas las repartijas, como si incluso el día que repartían confianza no me hubiera animado a agarrarla.
Básicamente una bosta, así me siento.
Leo y releo lo mío y no da esperanza, ni un poquito ¿entendés?. Ni siquiera una luz tenue al final del túnel. En cambio la leo a ella y es esperanzadora. Me prende, me agita, me empuja. Será por eso que me encanta ¿No?, porque es todo lo que nunca voy a ser.
¿Será por eso que la admiro tanto?...
Mi vieja me miró dos segundos, me sirvió un mate  y me dijo: Nena, sos boluda eh. ¿Sabés cuánta gente se siente como alpargata arriba del piano? ¡Mil!... bah, que digo mil, millones seguro… y todos se sienten solos y desubicados al mismo tiempo. ¡Anímate!, seguro alguien te lee y dice: “mirá le duele cómo a mí y todavía respira” y eso, hija, también es esperanzador. 

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